La sinceridad va recta, simple, sin dobleces, sencilla, sin ninguna segunda intención; busca "lo que es" y sólo "lo que es" no a sí mismo en "lo que es".

sábado, 31 de enero de 2015

Liberador

Esta locura atroz  me posee a cada momento. Las pulsaciones se disparan, la sangre hierve, las pupilas se dilatan y los músculos se tensan, todo esto mientras el raciocinio queda cegado y el instinto solo quiere terminar lo que ya ha empezado. Pero todo ello acaba, todo se desvanece como un súcubo en esta orilla, cuando tú me miras.

Cuando tú me miras la música no para de sonar, la atmósfera se torna limpia, me pierde tu sonrisa y luego me tengo que encontrar. Cuando tú me miras todo parece encajar, encuentro las respuestas a todas mis preguntas, mis problemas son ridículos, toda mi vida es puro bienestar. No puedo expresar con exactitud cómo esta espiral de incertidumbre me atrapa y me conforta. Experimento gratitud al hundirme en tu ocaso, como el Sol que se esconde tras el mar durante el crepúsculo para resurgir con más fuerza que nunca en un nuevo amanecer. Así me comporto yo en tus aguas; primero oculto, desapercibido, para cuando la oscuridad más densa te envuelva, resurgir y ver como mi brillo ahuyenta a las más oscuras tinieblas de tu vida.

domingo, 16 de noviembre de 2014

Quizás haya algunas circunstancias que nuestro corazón nunca llega a superar. Quizás la vida consiste en seguir hacia delante con esas cargas sobre nuestra espalda y el corazón hecho pedacitos que, a lo sumo, solo pueden ser remendados sin volver a formar una maquinaria perfecta. A veces me gustaría meterme en la piel de otros, saber cómo afrontan determinadas cosas sin llegar a desesperarse ni dar señales de locura. Tal vez es que yo soy muy débil, o tal vez esas personas que pongo de ejemplo son psicológicamente más fuertes de lo que yo puedo llegar a imaginar. En cualquier caso, sigo sumando días, y días, y días, y no parece haber una salida. ¿Podría existir alguna terapia económicamente asequible que borre recuerdos de forma selectiva, aunque eso supusiese que algunas piezas de mi pasado no encajasen en mi presente?... Pero, ¿Y si en mi futuro me asustara no saber quién soy, no recordar mi identidad ni mis raíces? No... no podemos afrontar los problemas simplemente presionando un botón de "resetear", el dolor forma parte de la vida. No sé sin con tanta intensidad, ni siquiera qué sucederá una vez que haya alcanzado mi límite. Lo único que sé es que el "ahora" es todo lo que tenemos, y a pesar de las dificultades que a veces nos hagan pensar en tirar la toalla y abandonarlo todo el espectáculo debe continuar.

jueves, 23 de octubre de 2014

La verdad es que no sé qué estoy haciendo con mi vida. Voy para 23 tacos, y pese a que hace unos años me pintaban la etapa adulta como una época de serenidad tengo más dudas que nunca. En lo personal, en lo profesional, en lo sentimental... dadas las circunstancias empiezo a creer que se me ha encomendado formar un rompecabezas de mi existencia con piezas que quizás no pertenezcan a un mismo puzzle. Voy más allá, si me lo preguntarán diría que debe de haber unos 10 puzzles, de unas 2000 piezas cada uno, pero solo se me han presentado fragmentos de uno y de otro para ver cómo me las voy apañando. En este momento emulo palabras de Tólstoi: "Mi vida es una broma estúpida y cruel que alguien me ha gastado", me digo con las lágrimas apunto de brotar como quien no es capaz de ver ninguna esperanza más allá de donde alcanza la vista.
Y es que pocas personas pueden imaginar lo que se siente cuando solo echas de menos a aquellos que tienes lejos, cuando echas de menos lo que nunca sucedió y ahora te arrepientes por no poder volver atrás y echarle más cojones cuando pudiste, cuando no eres capaz de perdonar alguno de tus errores del pasado que parecen perdurar en la perpetuidad de las noches sin dormir.

domingo, 31 de agosto de 2014

Sabiendo que te vas y que me dejas sin tu risa,
el sol llora oculto entre las nubes, la luna blasfema bajo el filmamento.

Sabiendo que te vas y me gustaste desde el primer momento,
llenaré el vacío entre tus sábanas, te haré reír en el silencio.

La arena de la playa silba en el ambiente.

Ver el mar en calma inquietarse sin ella,
y la noche cae por el horizonte bajo una paulatina melancolía.

La conocí en un mal momento, es cierto, dos meses antes de marcharse.
Sin imaginar entonces que conociéndola tan poco dejaría un vacío tan inmenso.

Llévate mi alma, pero regálame tu risa. Desgárrame el corazón si puedo tocar tus manos.

Sabiendo que te vas soy tan vulnerable como un niño sin amor, como un barco de papel a la deriva.
Y si algún día tus ojos fuesen mis luceros, qué feliz me harías.

Maldigo a esta existencia que nos quita lo que más queremos, ¿Por qué ha tenido que marcharse? El día flaquea porque ella no puede estar conmigo.

Esto es todo: Llévate mi alma, pero regálame tu risa.

sábado, 17 de mayo de 2014

Ensayo sobre mi generación

En los tiempos que corren no es extraño comprobar cómo las modas fomentan una buena apariencia por encima de una personalidad pura y contenta consigo misma. No es extraño comprobar que, frente a los ojos de una sociedad enferma y decadente, un hombre íntegro, de materia y espíritu, es un modelo peligroso. Es un modelo que representa todo aquello que dicha sociedad, pestilente e intoxicada por completo, repudia desde sus comienzos: La determinación de la voluntad, la autonomía del "ser", la no manipulación, las pasiones, la honestidad... y, por extensión, podemos asegurar que dicho prototipo de hombre es a lo que las tendencias, moldeadas por manos que jamás entendieron de dignidad, más temen.
Podemos decir sin temor a equivocarnos que aquellos hombres solitarios, ascéticos y venerables, los que ven en la vida una oportunidad para realizar una gran obra, los que no ven en la muerte una amenaza sino un límite a su majestuosidad, son aquellos que, con toda seguridad, llegarán más lejos en sus sueños.

Valoremos, por el contrario, a todos aquellos cuya existencia solo tiene un miserable objetivo: La comodidad. Dichos gregarios desconocen, probablemente debido a su mente manipulada, que ninguna vida digna se erige sobre unos cimientos sólidos. Están acostumbrados a pasar su tiempo entre algodones, como niños a los que se les exime de culpabilidad por creer que su mente vulnerable no se encuentra preparada para comprender la realidad. Han crecido escuchando las expectativas que los demás esperaban de ellos, educados en gran parte por una televisión que ha moldeado sus prioridades al gusto del sistema al que pertenecen, les hicieron creer que serían futbolistas, famosos cantantes, que tendrían una repercusión mediática indiscutible, y que jamás caerían en el olvido, lo que les llevó a desviar su atención sobre lo que ellos esperaban de sí mismos. El grito envilecido de los precursores de la sociedad ha enmudecido la voz interior de estos gregarios, lo que conduce a que se sientan desorientados, frustrados, y desesperanzados.

miércoles, 5 de marzo de 2014

El ciclo

No consigo cerrar el círculo. Este ocaso arrasa con todo lo positivo que encuentra; confianza, bondad, honestidad, caridad... todos esos valores se desvanecieron en mi ser. No logro volver a ser yo, y solo me muevo por intereses. Como todos los seres humanos supongo.

Hay quien dice que no existe mayor temor que el que te asola cuando ya no puedes perder nada. Hay otros que opinan, justo al contrario, que solo en la adversidad es cuando abandonamos el miedo y empieza en nuestra vida un período de catarsis. ¿Cuál de las dos versiones será la correcta? Supongo que dependerá un poco del individuo, de las circunstancias, del apoyo ofrecido por los más cercanos, de tus expectativas... pero personalmente considero que nada se vuelve a ver de la misma forma. Después de una transformación espiritual seria y contundente como consecuencia de constantes sacudidas, de fuertes e inesperados zarandeos, de los palos que te da la vida, y de las cagadas que no te perdonas, cambia radicalmente la visión de las cosas. Es lo malo (o lo bueno) de crecer, supongo: Tu inocencia desvanecida y tu mala hostia en desarrollo...

Me viene a la mente una frase que mi difunto abuelo solía repetir a mi padre con mucha frecuencia: "No te mueras por nadie, porque nadie se muere por ti." Joder, ojalá hubiese comprendido antes de la manera que comprendo ahora todo el fondo de esta frase. La mayoría de las familias, en su más profunda e inocente ignorancia, piensan en educarnos para que nos sacrifiquemos por los demás sin esperar recibir nada a cambio, como si a alguien le gustase invertir parte de su tiempo en un oficio que no tendrá ninguna contraprestación. Ese pensamiento estaría muy bien si la totalidad de la comunidad tuviera una filosofía similar que nos hiciera funcionar como piezas de una única maquinaria, pero para bien o para mal siempre hay ovejas negras en todos los rebaños y como ya se sabe, una sola pieza que falle echa por tierra todo el engranaje.

Entonces qué crees que es lo ideal: ¿Un altruismo desmedido o un egoísmo limitado?

miércoles, 5 de febrero de 2014

Frente a la inestabilidad

Dicen que los cambios son algo inevitable en la vida; cierras círculos, comienzan  nuevas épocas, dejas atrás lágrimas amargas y te abres ante las posibilidades que brillan delante de tus ojos. Sin embargo, creo que siempre queda esa parte de uno mismo que lucha desesperadamente por mantenerse atrás, por aferrarse instintivamente al confort de lo ya conocido y no caer en la inseguridad que provoca la incertidumbre.

Puede decirse que a la generalidad de los humanos nos es aplicable eso de "más vale malo conocido que bueno por conocer." Sin embargo, he llegado a la conclusión irrefutable con la experiencia como única fuente del conocimiento, de que en esta vida lo importante es arriesgar. ¿Por qué? Simple y llanamente porque de alguna forma ya estamos condenados, porque una vida en la que no sientas dolor, pánico, alegría, orgullo, amor... es una vida vacía. Caminaríamos como zombies; doblados, melancólicos, rutinarios e impasibles. Seríamos algo así como muertos en vida, lo cual no es mucho mejor que una muerte después de una vida digna de ser recordada.

Comprendo el miedo, yo mismo lo siento. Cada noche en la soledad de mi habitación me envuelve con su manto gélido y oscuro, me hace evocar recuerdos y personas muy cercanas que por desgracia ya no están. Me hace perder el sueño, torturarme, dar vueltas en la cama como un poseso, a veces consigue que llore, e incluso en contadas ocasiones que desee la muerte. ¿Pero sabes qué? Por eso la vida tiene tantos enigmas, porque tu peor sufrimiento puede abrirte los ojos y hacer que te des cuenta de que cuando sientes que ya no tienes nada que perder, tampoco tienes nada a lo que temer.