La sinceridad va recta, simple, sin dobleces, sencilla, sin ninguna segunda intención; busca "lo que es" y sólo "lo que es" no a sí mismo en "lo que es".

jueves, 23 de octubre de 2014

La verdad es que no sé qué estoy haciendo con mi vida. Voy para 23 tacos, y pese a que hace unos años me pintaban la etapa adulta como una época de serenidad tengo más dudas que nunca. En lo personal, en lo profesional, en lo sentimental... dadas las circunstancias empiezo a creer que se me ha encomendado formar un rompecabezas de mi existencia con piezas que quizás no pertenezcan a un mismo puzzle. Voy más allá, si me lo preguntarán diría que debe de haber unos 10 puzzles, de unas 2000 piezas cada uno, pero solo se me han presentado fragmentos de uno y de otro para ver cómo me las voy apañando. En este momento emulo palabras de Tólstoi: "Mi vida es una broma estúpida y cruel que alguien me ha gastado", me digo con las lágrimas apunto de brotar como quien no es capaz de ver ninguna esperanza más allá de donde alcanza la vista.
Y es que pocas personas pueden imaginar lo que se siente cuando solo echas de menos a aquellos que tienes lejos, cuando echas de menos lo que nunca sucedió y ahora te arrepientes por no poder volver atrás y echarle más cojones cuando pudiste, cuando no eres capaz de perdonar alguno de tus errores del pasado que parecen perdurar en la perpetuidad de las noches sin dormir.

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