La sinceridad va recta, simple, sin dobleces, sencilla, sin ninguna segunda intención; busca "lo que es" y sólo "lo que es" no a sí mismo en "lo que es".

jueves, 21 de febrero de 2013

#7

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Me encontraba tan tranquilamente leyendo en mi sofá un thriller sobre el final de la Segunda Guerra Mundial, cuando a mi compañero de piso se le ocurrió la genial idea de encender el televisor con la finalidad de conocer de cerca el debate sobre el estado de la Nación. Pude ver algunos fragmentos del mismo, y mi indignación no hizo más que crecer. Los paletos representantes de los dos partidos políticos mayoritarios se encontraban discutiendo acaloradamente (por supuesto delante de las cámaras, detrás del telón no faltaría un buen café) quién de los dos había recibido la peor herencia. Era un show digno de lamentar, el señor Rajoy culpaba a Zapatero, Rubalcaba a Aznar, éste en su momento culpó a Felipe González... y la verdad es que siguiendo el criterio de nuestra casta política, aquí desde Isabel La Católica nadie tiene la culpa.
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Digo yo, que esta gente todavía no se ha enterado (y ya manda narices) de que gracias a internet tenemos muchas más facilidades para contrastar la información. Que ya no vale el juego del “Y tú más”, muy tipico español por cierto, para evadirnos de nuestras responsabilidades. Una sociedad que quiera avanzar debe dejar atrás todas las diferencias nacidas en el pasado, y empezar a elegir lo que es mejor para toda la población y no para uno mismo. Debemos ser consecuentes con nuestros actos y asumir nuestras responsabilidades, sin culpar a los demás de lo que nosotros mismos no hemos podido lograr debido a nuestra falta de interés y/o determinación, y cuando haya algo que no salga como hemos deseado, es necesario perseverar y seguir hacia delante con disciplina.
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Francamente siempre fui de la opinión de que cada persona, indistintamente de todos los defectos que pueda tener, de la raza a la que pertenezca, o de cosas más simples como su color de ojos, guarda algún talento que aún desconoce, sin que esto sirva de excusa para dejarse. Tu talento no te va a servir de nada si no lo buscas y lo desarrollas, si no eres honesto contigo mismo y te dedicas a ser mejor cada día.
Citando a Einstein: <<Si juzgas a un pez por su capacidad para escalar árboles, pasará toda su vida creyendo que es un inútil>>. Hay que evitar ese tipo de pensamientos negativos que solo parasitan en nuestra mente y merman nuestra confianza. Muchas veces nos equivocamos y da la sensación de que se acerca el apocalípsis; escogemos la carrera equivocada, trabajamos en algo que no nos satisface, estamos con una persona cuando pensamos en otra y automáticamente caemos en un intenso embajonamiento.
Sinceramente, tenemos que aprender a ser un poco menos egocéntricos y analizar el detalle de que con la que está cayendo las nimiedades que perturban nuestra mente deberían preocuparnos tanto (o mejor dicho, tan poco) como quién ganará la liga de fútbol este año. En una época donde 6 millones de personas no tienen trabajo, donde 1 millón de familias viven con todos todos sus miembros en el paro, y donde los desahucios están a la orden del día, tener la oportunidad de elegir el camino que te apatece tomar y una familia en un estado de salud decente con un techo bajo el que cobijarse es motivo de sobra para ser feliz.
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Errar es algo normal. Si te equivocas y eres consciente de ello ten el coraje para empezar de nuevo. No se acaba el mundo por poner punto y final a otro de los muchos episodios que tendrá el libro de tu vida. Pero hay algo que debes tener claro, aquí NADIE es un pelele.
¡Ah! otra cosa. He estado observando atentamente las noticias estos últimos días y parece ser que como todo las crisis económicas también tienen sus cosas buenas (que se lo pregunten si no a los especuladores). Leyendo los diarios españoles aflora la impresión de que el capitalismo empieza a perder terrero en pro de una humanización que sale a flote sobre el lodo de consumismo desmedido en el que se hundía. Prueba fehaciente de esto es una noticia que salía hace unos pocos días en A Coruña, donde el cuerpo de bomberos se negó a participar en el desalojo de una anciana a expensas de ser sancionados mediante expediente disciplinario. “Ayudamos a las personas, no a los bancos.” : Decía el
DIOS jefe del cuerpo de bomberos.
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Al poco rato de leer esta noticia caí en la cuenta de que, teóricamente, una de las funciones de los agentes de la autoridad guarda cierta similitud con la de los bomberos, es servir y proteger al pueblo. Por desgracia, y sin ánimo de darme aires anarquistas, esta función muchas veces choca frontalmente con la de hacer cumplir la ley. Y yo, por más vueltas que le doy no consigo ponerme en el pellejo del policía que cumple todas las órdenes, el que no tiene reparo en dejar en la calle a una pareja de ancianos que el día de mañana podrían ser sus propios padres, sin un mero remordimiento de conciencia (lo siento si alguien tiene familiares policías, pero por lo general y sin ánimo de faltar al respeto a nadie, es lo que veo). Para finalizar lanzo una pregunta al aire que espero induzca a una profunda reflexión: ¿Está justificada la insumisión a la ley cuando ésta atenta directamente contra la naturaleza humana?


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