La sinceridad va recta, simple, sin dobleces, sencilla, sin ninguna segunda intención; busca "lo que es" y sólo "lo que es" no a sí mismo en "lo que es".

miércoles, 18 de septiembre de 2013

No es fácil mantener la fe cuando las circunstancias te piden que abandones, cuando el tsunami de pesimismo y calamidad arrasan sin piedad con todas las cualidades que creías innatas y que en la última semana no han despertado más que dudas sobre su posible inexistencia.

Hasta hace 6 meses tenía la (falsa) certeza de que si se poseen las virtudes requeridas no es necesario esforzarse hasta el máximo para alcanzar las metas, que la capacidad de trabajo solo se exigía a aquellas personas que carecen de esas ventajas inherentes a la selección natural y que, por ende, estaban condenadas a esforzarse para ser alguien y para destacar. Así, una vez más, la vida me puso los pies en la tierra. A base de bofetones, de patadas en el culo, de morder el asfalto e incluso de dar un paseíto por los infiernos...

Ya he perdido la cuenta de todas las lecciones aprendidas y de todas las ocasiones en las que he escapado por los pelos de las garras de la desesperación, confío en haberme instruido sabiamente y en no repetir los mismos errores de antaño.

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