La sinceridad va recta, simple, sin dobleces, sencilla, sin ninguna segunda intención; busca "lo que es" y sólo "lo que es" no a sí mismo en "lo que es".

martes, 2 de abril de 2013

#10

De camino a la estación entre una tierna pareja de ancianos, aquel tumulto de jóvenes y un mochilero absorto, el hombre de las gafas negras se paró un momento en los escalones polvorientos que frecuentaban todos los viajeros. Por algún motivo se le ocurrió pasar el dedo índice sobre la superficie de aquel lugar que tanto tiempo habría estado sin limpiar. Pensó en lo ocurrido y concluyó que la huelga del personal de limpieza había supuesto un rotundo éxito para los derechos de los trabajadores, tanto que los dueños de la empresa se habían empezado a sentir lo suficientemente presionados como para flexibilizar sus pretensiones. El ejemplo no tardó en extenderse a toda la ciudad, después a toda la provincia, y finalmente a todo el país. Ahora entre latas vacías a lo largo de la estación, papeles con migas de pan pertenecientes de seguro al bocadillo de algún transnochado, y un olor fétido que se oponía a las normas mínimas de la higiene, la esclavitud tocaba a su fin. Los recuerdos de aquel hombre siguieron proyectándose en su cabeza igual que secuencias de un filme cinematográfico, no tardó en recordar todo lo que habían sufrido para doblegar a una élite que jugaba con las mejores cartas, pero como ya se sabe el coraje y la determinación pueden tumbar una muralla.

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